Historias….

Hace unos días estaba en el vestuario de la escuela a la que voy a practicar después de clase y la conversación de las últimas rezagadas que nos habíamos quedado por allí giraba en torno a las habilidades y dificultades que traemos de serie en nuestro cuerpo. Conversaciones del tipo: “yo soy muy flexible pero tengo poca fuerza”, o ” en mi caso es la apertura de caderas, pero no tengo nada de extensión de espalda” o “la fuerza para mi no es un problema pero soy muy rígida”. Yo no participaba de forma activa en la conversación porque lo que pasaba por mi cabeza era “por naturaleza no soy ni demasiado flexible, ni fuerte, ni tengo extensión de espalda , ni, ni ….. a mi todo me cuesta un montón”

Hoy veo mi práctica y me maravillo de todo lo que tenía guardado para mi. Cómo día a día el cuerpo va mostrando los secretos que encierran la tensión y las historias que narran las molestias físicas almacenadas en forma de samskaras y esperando a ser liberadas.

Dice Kino McGregor que el cuerpo es como un lienzo en blanco en el que vamos escribiendo nuestra historia. Y Dena Kingsberg que el proceso de ir desvelándola a través de la práctica puede ser doloroso a veces, un dolor que va más allá de lo físico.

El espacio seguro de la práctica nos da la oportunidad de explorar patrones de comportamiento, de pensamiento, reacciones, emociones, pensamientos. SI sabemos utilizarlo de forma adecuada, es el portal de acceso a un mundo interior que es la base de nuestras elecciones y comportamiento. Cultivamos la capacidad de enfocar la mente para que , mientras colocamos nuestro cuerpo en diferentes posiciones, empecemos a notar los patrones habituales de cómo sostenemos el cuerpo desde adentro.

Sam significa recolectar y kara actividades y hechos. Los samskaras son los patrones de base que se recolectan para formar patrones universales que luego se almacenan en las profundidades del cuerpo. La estructura de nuestro ego está íntimamente ligada a esas configuraciones inconscientes y la práctica de yoga nos lleva directos al corazón de nuestros samskaras siendo la primera reacción querer mirar a otro lado y salir corriendo. Porque esos patrones de percepción y reacción nos resultan tan familiares como cómodos.

Somos animales de costumbres y cada uno ha construido su forma de ver el mundo y a sí mismo como resultado de aferrarnos a ciertas cosas que creemos que necesitamos o que deseamos o bien que rechazamos y despreciamos. Nuestros samskaras nos permiten procesar y reaccionar a nuestras percepciones sin la exigencia de implementar la energía necesaria que requiere la observación y evaluación de un nuevo fenómeno que se presenta.  Ese nuevo fenómeno puede ser fuente de cierta ansiedad residente en las profundidades del cuerpo cuando emerge a la superficie de nuestra experiencia consciente y la reacción es colocar una máscara de felicidad o tragedia por encima de lo que experimentamos a un nivel más profundo, en el momento presente.

Con la práctica, aprendemos a observar estos momentos de ansiedad antes de que intervenga el juego mental etiquetándolos, almacenándolos y pasando a otra cosa. El contenido de lo que se nos presenta puede ser maravilloso y feliz o miserable y catastrófico pero sin embargo, podemos permanecer allí para mirarlo con una mente y un corazón abiertos. Esa es la base absoluta de la práctica. El arte de entrenarnos para observarnos sin dejarnos arrastrar o identificarnos con el contenido de nuestra observación.

El poder de la observación clara es mucho más potente que realizar una profunda flexión hacia atrás. Y mucho más difícil también.

Inmersos en este proceso de observación, comenzamos a atravesar las formas más profundamente arraigadas e íntimas de condicionamiento que nos mantienen atascados en circunstancias dañinas e infelices en nuestras vida Cuando comprendemos que nuestras formas de percibir el mundo son también patrones físicos dentro del cuerpo que han echado raíces en nuestra piel y en las capas más profundas de los patrones musculares, experimentamos de forma directa la conexión íntima entre cuerpo y mente. El hecho de observar sin aceptar ni rechazar, crea un profundo impacto en los patrones físicos del cuerpo. Al iluminar lo que percibimos con La Luz de nuestra atención, nuestros samskaras se van gradualmente desarmando. Nos ayuda a soltar las tensiones antiguas y las ansiedades que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida.

El proceso funciona porque al observar algo, le damos espacio. Cuando creamos espacio alrededor de algo (una idea, un ser, un hecho) practicamos la fisiología de la bondad y ofrecemos la estructura de la compasión. 

Estos días del año, en el que nuestra identidad puede quedar diluida en los espacios que compartimos con más personas, celebrando, conviviendo o compartiendo se presentan como la ocasión idónea para poner en funcionamiento el ejercicio de observación consciente que aplicamos durante la práctica. Es totalmente normal generar respuestas automáticas a los estímulos que se nos presentan mientras aparecen. Por lo tanto, nuestro trabajo y nuestra práctica han dedicarse a cultivar la capacidad de no reaccionar, proyectar o superponer ideas preconcebidas y en su lugar experimentar la ligereza, el alivio y la dicha que proporciona desarmar el circuito cerrado de los hábitos que nos atascan en la rutina de nuestro propio sufrimiento.

Una mirada clara y consciente puede ser el (tu) mejor regalo.

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Fuente: El Espejo del Yoga. Richard Freeman 

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