Recovecos

Los motivos que pueden acercarte a la práctica de yoga en un primer momento pueden ser de lo más variopintos. Pero incluso si sólo lo haces por mantener tu forma física , más allá de lo intangible o de lo que no se ve, tu mente te lo agradecerá y tu sensación general de bienestar se hará más que evidente.

Hay personas que se acercan al yoga buscando “algo más” que a veces no saben definir muy bien con palabras. Durante los talleres de iniciación siempre pido a los alumnos que se presenten y digan brevemente qué les ha traído allí. Curiosamente, a medida que nos acercamos a final de año la palabra que más se escucha es “calma” y “aprender a relajarme”. Está claro entonces que hay algo que se nos escapa, que no sabemos muy bien cómo gestionar . Quizás el yoga nos ayude a hacerlo.

¿Recuerdas cómo fue tu primera clase de yoga? Hay muchas personas que tienen una experiencia maravillosa tal que se convierte en el detonante de un giro importante en sus vidas. Para otras pasa más desapercibido. Otras sin embargo la recuerdan con muy poco o ningún cariño……

Con esta práctica pasa algo curioso. A medida que uno avanza en el proceso el número de cuestiones sin resolver paradójicamente aumenta. Podemos empezar buscando cómo conseguir un vientre plano o hacer el pino y sin darnos cuenta nos estamos planteando cuestiones como ¿Quién soy? ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Es mi realidad el resultado de una ilusión mental?……

Si decides quedarte, el proceso que tiene lugar a lo largo de este camino está lleno de recovecos y sorpresas difíciles de digerir a veces. Justo las que corresponden a la historia de tu vida. Hay periodos en la práctica, sobre todo si es comprometida y consistente , que se parecen más a una especia de gymkana que a un espacio de reencuentro asociado a calma y sosiego. Pero es que precisamente el momento del reencuentro es el momento de la verdad. Los recovecos que mencionaba antes son los escondites en los que hemos ido guardando todo aquello que no nos interesaba sobre nosotros pero que aún así forman parte determinante nuestra persona.

A un nivel básico el objetivo del yoga es conectarte con la comprensión de tu cuerpo , mente y esencia. Bien, esa comprensión engloba aspectos como la falta de confianza, la pereza, la baja autoestima, la ira, y de repente te encuentras de bruces con ellos sobre tu esterilla. Dichos obstáculos suelen estar relacionados con hábitos profundamente arraigados y suponen un enorme desafío.

La percepción de nuestra realidad se realiza a través del cúmulo de experiencias anteriores. Dichas experiencias dejan marcas profundas en nuestro subconsciente y memoria a largo plazo (desde donde actuamos y nos movemos) denominadas samskaras. Los samskaras crean patrones de comportamiento y hábitos mentales y cuando estos se agrupan en patrones mayores de atracción o aversión se los denomina vasanas. Samskaras y vasanas nos hacen caer en bucles repetitivos de decisiones, acciones y modelos del pasado que repetimos una y otra vez (elegimos el mismo tipo de pareja, amistades, trabajos, aunque no sean los adecuados). A través de la práctica de asanas realizada con ATENCIÓN y DESAPEGO podemos empezar a detectar dichos patrones e ir eliminando samskaras y vasanas.

Yo llegué a la sala Mysore con más de 40 años de intensa historia en el cuerpo que incluían partos, embarazos y abortos, o los patrones mentales de tensión, culpa, remordimiento o sentimiento de no merecer. Cuando esas historias (accidentes, ansiedades,  culpas, divorcios)  las mezclas con asana, pasan cosas. En esa fricción del pasado y la postura, se baten nuestras profundidades tal como hicieron los devas y los asuras, los dioses y los demonios, en el mar de leche para extraer el delicado elixir Soma. Pero antes del Soma emana Hala Hala, el veneno tóxico producido por nuestra existencia condicionada y en ese punto se produce la crisis que te lleva a querer salir corriendo. No quieres mirar ni saber más. Sólo Shiva fue capaz de devolver la cordura a dioses, demonios y hombres a través de su compasión infinita y su conciencia ecuánime. (escucha la preciosa historia narrada por Ty Landrum aquí)

Llegamos a la esterilla con nuestra vida a cuestas y tenemos que hacer el vinyasa con esa mochila. Si la volteamos con fuerza sucederá lo peor, pero si tenemos paciencia y valor podemos ir despejando poco a poco el contenido y develar la promesa que nos aguarda.

No hace falta que la práctica duela o que nos lastimemos, pero cuando la atravesamos con nuestra historia personal escrita en el cuerpo, el proceso de transformación nos puede traer molestias, incomodidades, y, sí, a veces dolor.     Dena Kingsberg

La promesa de paz interior, es decir, el estado más parecido a la felicidad plena, no es gratis.  Porque todo esto va de cada uno de nosotros y no hay donde esconderse., el verdadero reto es pues, estar dispuesto y permanecer. Sin embargo, cuando uno logra mirar desde la curiosidad y la admiración, no desde el miedo y la desconfianza, a todo lo que hay ahí, en los escondites y en los recovecos, y MARAVILLARSE en lugar de avergonzarse de todas esas cualidades que simplemente nos hacen humanos, se produce la transformación sustancial a la que da lugar la reconciliación con lo que hay. Con tu historia.

 

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