Regálate una existencia dichosa

Fotijpe

 

A través de tu respiración.

Sólo hay una cosa, una, sin la que no te puedes mantener con vida durante un periodo más o menos corto de tiempo: tu respiración. Puedes pasarte días sin agua, semanas sin comer, pero sin tu respiración tu corazón dejará de latir casi enseguida.

Este gesto que hacemos de manera automática puede ser el vehículo a través del cuál  pasamos por la vida sin más o bien ser la llave para llevar una vida plena.

Una respiración profunda y consciente supone un aporte extra de oxigeno a cada célula,  a nuestro cerebro y a todo nuestro sistema interno, favoreciendo así su óptimo rendimiento. Además, cambia nuestra respuesta psicológica ante situaciones susceptibles de desestabilizarnos emocionalmente (miedo, angustia, estrés…) proporcionándonos claridad de pensamiento.

Pero, ¿sabes respirar?. El siguiente ejercicio te ayudará a tomar conciencia de tu respiración percibir enseguida los cambios a nivel interno.

Colócate  de pie, con los pies en paralelo separados el ancho de las caderas. Dirige el sacro ligeramente hacia dentro, este gesto hace que tomes conciencia de tu pelvis activando tus glúteos y alargando la espalda de forma que mejora la circulación del fluido cerebro espinal, que a su vez, te proporciona más energía y te ayuda a sentir una base firme. Nuestros dos primeros chakras, o centros de energía, los que iluminan nuestra fuerza vital, se sitúan en la pelvis.

Ahora, contrae los músculos de la zona baja del abdomen, entre el pubis y el ombligo. Estos músculos, que se suponen sujetan nuestra zona lumbar, tienden a perder tonicidad y a funcionalidad. Activando estos músculos, también tonificamos y estimulamos la zona intestinal.

Inhala de forma profunda, expandiendo tus costillas hacia los lados. Durante la exhalación, empuja hacia dentro el abdomen y dirige la pelvis hacia delante con los glúteos. Pasamos mucho tiempo sentados y de alguna forma hemos perdido la conexión con este grupo muscular, el de los glúteos. Por otro lado, así ayudamos a descomprimir la zona lumbar.

Llevar hacia adelante el sacro y contraer la parte baja del abdomen cuando nos sentimos inseguros o nos asalta el miedo, ayuda a mover la energía de forma distinta. Así, cuando estamos asustados, este gesto hace que conectemos con el poder de nuestros glúteos y de nuestras piernas.

Con la inhalación sube tus costillas, aléjalas de cintura, del diafragma, y de la parte baja de la espalda dando a esta zona más espacio, lo que crea espacio para efectuar inhalaciones más profundas ayudando así  a mantener niveles de energía más altos.

Para aprender a expandir tu caja torácica, coloca tus manos a cada lado de tus costillas. Exhala todo el aire sintiendo cómo se contraen hacia dentro. Ahora, despacio, de forma consciente, inhala por la nariz y nota cómo tus costillas empujan las manos a medida que se expanden. En lugar de respirar con el abdomen o con el pecho, respira hacia los lados. Haz de 3 a 10 respiraciones.

Lo único que necesitas para llevar una existencia dichosa y llena de vitalidad está ahí, a tu alcance, accesible de forma inmediata. Se trata de poner atención en el acto que realizas de manera más inconsciente: tu forma de respirar.

 

 

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