Mira

Escribir sobre lo que nos hace sentir vivos. Compartir experiencias. Yoga para la vida.

Quizás el haber nacido bajo un signo de tierra, Tauro, me hace ser eminentemente práctica. Por esa razón para mi si el Yoga no es una herramienta para la vida, no tiene sentido. Y la vida se compone de uno mismo en primer lugar; de la experiencia vital que tiene lugar ente la primera inhalación y la última exhalación. Lo que suceda en ese intervalo, es cosa de cada uno.

Si estoy agradecida a algo en esta herramienta para la vida que es el yoga es que me ha ensañado a mirar. Eso me hace muy feliz. Hay una palabra para definir mirada en sánscrito. Se denomina Dristhi y se define como mirada concentrada. Es un medio para ayudar al cese de la fluctuaciones de la mente. Sin embargo, yo me refiero a una mirada mucho más amplia que me permite detectar cosas que antes me pasaban desapercibidas.

Uno de los grandes objetivos de la práctica es mantenerte el mayor tiempo posible en el momento presente. Ayudarte a cortar con la narrativa y las historias que nos montamos a base de pasarnos el tiempo entre lo que fue y lo que será.  Un motivo que hay detrás de ese objetivo es que ese devenir no crea más que caos mental y estados emocionales que nada tienen que ver con lo que de verdad está sucediendo en cada momento. Sin embargo, el motivo más importante es que lo único real es este instante y la información que necesitas recopilar para dar una respuesta adecuada a un estímulo externo o a una emoción se encuentra aquí y ahora.

Aprender a mirar, y a través de la mirada crear una distancia entre sujeto y objeto para que no se confundan, para no perderte nada. Cuando aprendes a mirar, la vida acontece de otra forma……

Una de las cosas más bonitas es que redescubres que la grandeza se encuentra en la sencillez del gesto cotidiano. En la emoción que te produce ver andar con seguridad, determinación y decisión  con ese caminar de los triunfadores a una chica adolescente que va por la calle sola y que además es ciega. Percibir esta escena desde el atasco diario encerrada en el coche y sentir como la emoción te llena los ojos de lágrimas de orgullo por esa chica que no conoces pero que  ha pasado a ser tu gasolina hoy.

Descubrir la grandeza del gesto cotidiano en un funcionario que increpado de la peor manera por un ciudadano en la cola de un organismo público mantiene una elegante integridad que hacen te den ganas de sacarle a hombros y te hagan replantearte tu panoplia de reacciones al completo.

La sonrisa de la conductora agradecida a la que tras una mirada suplicante le cedes el paso en un caos de tráfico urbano en que las personas son engullidas por los coches y la energía deshumanizada lo impregna todo.

La escena que tiene lugar en un restaurante en el que tras finalizar su comida, un marido se levanta, toma el bolso de su esposa y sacando una barra de labios le devuelve el color a los labios de su mujer maquillándolos de nuevo con esmerado mimo y cuidado. Su mujer se encuentra sentada en una silla de ruedas.

Y eso sólo se ve si miras, con la mirada serena que se a acostumbra a mirar y a ver con atención aquello que mira. Sin buscar respuestas. Sin juzgar (esta es difícil, eh?) Sin expectativas. Entonces cada día se llena de descubrimientos grandiosos, de alegrías aparentemente mundanas y maravillosas que hacen que tu experiencia vital vibre de manera espectacular.

Sólo hay que (aprender a) mirar.