Furgo y Yoga: un estilo de vida

Pasar parte de tu vida en una furgo  quizás no resulte tan atractivo a simple vista: el espacio físico es pequeño, no hay un suministro continuo de agua, electricidad o calor,  bastantes probabilidades de perderse y no tener señal en el gps o cobertura en el móvil (suena romántico y aventurero pero no necesariamente apetecible) , no encontrar un sitio adecuado para pasar la noche y hacerlo en un parking rudioso rodeado de desconocidos. Encontrar el lugar ideal y que te despierte la guardia civil (para multarte después) o un simpático comerciante francés porque has llegado de noche a un encantador pueblecito del Perigord Noir y no has visto el cartel que decía prohibido aparcar los días de mercadillo (aparcamos en mitad de la plaza y cuando nos despertaron estábamos rodeados por todos los puestos que ofrecían delicatessen locales)

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Lo único que te garantiza la vida en la furgo es la posibilidad de ver y vivir el mundo. Tal cuál. El jardín de tu casa pasa a ser una pradera maravillosa, una playa inmensa o una montaña grandiosa.

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La furgo y el yoga al final se parecen mucho: son estilos de vida que te conectan con el momento presente y con lo que de verdad es. Tomas lo que tienes y cada momento se vuelve en si mismo extraordinario, incluidas las veces que te pierdes o que no encuentras donde dormir. En un espacio tan pequeño no caben demasiadas cosas, por lo tanto no llevas demasiado de nada, ni ropa ni utensilios. Hacer el ejercicio de utilizar lo que de verdad necesitas y usas  se convierte en un golpe de realidad tremendo porque te das cuentas de que básicamente necesitas  dos cosas de cada que reutilizas una y otra vez hasta que se rompen.

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Al final del día, la posibilidad de una sencilla ducha en mitad del bosque se convierte en un regalo único y todo lo que cocinas sabe muchísimo mejor.

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El tiempo se detiene y no hay llamadas en espera, ni mails por responder ni mensajes que enviar. Te quedas dormido leyendo tu libro favorito, no mirando fotos en instagram y la mayoría de las veces te despierta el sonido del río al lado del cuál estás durmiendo, los pájaros en primavera o el rugido de las olas.

El dinero que te cuestan dos cafés en Starbucks te lo gastas comprando verdura fresca o pescado en la lonja local que te sabe a gloria cuando lo haces a la plancha en tu cocinita.

Las horas que pasas dentro porque hace demasiado frío para estar fuera las pasas en conversación sin distracciones, con juegos de cartas y viendo una peli. Y si hay algún conflicto de convivencia aprendes a resolverlo,

La desconexión y la vuelta a lo básico es total y la sensación de libertad y de saber que la última decisión es tuya, aplastante.

En el siguiente post os hablaré de la protagonista de esta historia: nuestra queridísima Furgo.

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