Meditación 2.0

 

Admito que no llegué al yoga seducida por el camino hacia el autoconocimiento y la transformación. Tengo que reconocer que lo que me atrajo del yoga en primer lugar fue el aspecto puramente físico. Una forma de ejercicio más que añadir a mi rutina. Dos días natación, dos días bici, salidas a la montaña, y entre uno y otro, yoga……

La postura final de relajación final (savasana) no entraba en mi secuencia y he de confesar, que años después, es una de las posturas que más me cuesta mantener.

Por todo lo anterior, el aspecto meditativo del yoga me resultaba totalmente ajeno y la palabra meditación me imponía bastante, produciéndome cierta desconfianza.

Los resultados de mantener una  práctica de yoga habitual son tan rotundos, que poco a poco se fue imponiendo a todo lo demás. Y al mismo tiempo sin proponérmelo ,  me daba cuenta cómo en mi mente se iban creando espacios de calma que se mantenían incluso después de la práctica. De forma de ejercicio físico, el yoga iba pasando poco a poco a convertirse en forma de vida.

En cualquier caso, la palabra meditación seguía sin atraparme. Y empecé a detectar que quizás el motivo era que no se me daba bien eso de estar quieta y no pensar en nada…. Durante los periodos en los que intentaba meditar (como yo pensaba que “debía” hacerse, mi cabeza se iba a mil sitios; cuánto tiempo llevaba, cuánto me quedaba, cosas por hacer,…

A medida que fui profundizando en la práctica, descubrí que la meditación no seguía unas reglas concretas y que no tenía que ser de una forma determinada. Aprendí que no había ni malo ni bueno. Que tu cabeza podía estar llena de mil cosas pero que lo importante era el hecho de que te habías sentado con la persona más importante de tu vida (tú) a ver simplemente cómo iba todo.

Todo se trata de ir cultivando una actitud compasiva, amorosa, objetiva y paciente con uno mismo. Y la meditación nos da la oportunidad de ejercitar esa actitud. Que empieza por ti y desde ahí, va hacia todo lo que te rodea.Simplemente empieza por unos minutos 2-3-5…….y desde ahí, lo que venga.

Ni la postura ni el sitio para meditar tampoco son lo más importante para empezar. Sólo déjate llevar.

Aquí os dejo algunas ideas para empezar explorar el camino de la meditación.

Sentado con las piernas cruzadas o estiradas y la espalda apoyada en la pared o un soporte.

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Sentado sobre un cojín o manta con las piernas cruzadas, coloca las manos sobre los muslos y afloja los hombros. Cierra los ojos y empieza a contar tus respiraciones. Empieza haciendo tres respiraciones inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Sigue  con un par de respiraciones normales y después inhala en 4 tiempos y exhala en 4 tiempos. Repite el ciclo 5 veces. Sólo intenta llevar tu atención a la respiración. No opongas resistencia a cualquier pensamiento que cruce tu mente. Deja que la postura y tu respiración te conecten con el momento presente.

Abre tu corazón

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Siéntate en el suelo cerca del borde de la cama o un sofá. Apoya la parte alta de la espalda, zona dorsal, en el borde y deja caer la cabeza hacia atrás. Si lo necesitas, coloca un cojín debajo de la cabeza para suavizar la curva del cuello. Despacio, gira la cabeza hacia la derecha y mantén ente 10-15 respiraciones. Vuelve al centro y gírala hacia la izquierda manteniendo otras 10-15 respiraciones. Tráela de nuevo la centro y con los ojos cerrados lleva tu atención a la expansión de tu caja torácica con cada inhalación mientras dedicas dos segundos más a cada exhalación.

La apertura del pecho nos invita conectar con los demás y con lo que nos rodea, a abrir nuestro corazón. Al mismo tiempo, estamos proporcionando a nuestra columna y espalda la contrapostura ideal de nuestro día a día en el que solemos estar hacia adelante (ordenador, conduciendo….)

En una silla

Con los pies sobre el suelo, las piernas separadas el ancho de las caderas y las manos sobre los muslos. La espalda larga y la barbilla paralela al suelo. Lleva la atención a tu entrecejo y asegúrate que tu frente está lisa y tu mandíbula suelta. Observa tu respiración a lo largo de tu eje central mientras sientes la conexión y la seguridad que te proporcionan los pies apoyados sobre el suelo.

Este tipo de meditación lo podemos hacer con los ojos abiertos. Incluso rodeados de gente en el metro, o en el autobús. Atentos a los sonidos, los cambios de luz y todos los estímulos sensoriales que llegan desde fuera. Ejercitando una actitud de observadores, sin juzgar ni valorar lo que está pasando. Si pensamientos o imágenes nos asaltan, con mucha suavidad detéctalo y dirige tu mente hacia fuera.

 

Una de las razones por las que quería escribir sobre meditación era porque a lo mejor, para algunas personas, puede llegar a ser tan intimidante como lo fue para mi en su día. Y sólo por eso nos estaremos perdiendo el gran regalo que nos proporciona.

 

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